LOS MIERCOLES POR LA MAÑANA ME PERMITO UN LUJO: DOY UNA LARGA CAMINATA POR EL PARQUE. RESPIRO, VEO LOS ANIMALES Y A VECES, REFLEXIONO. ME GUSTARÍA PODER COMPARTIR CON USTEDES ALGO EN LO QUE ESTUVE PENSANDO ESTA MAÑANA. Digamos que usted, mi querida amiga o amigo, tiene que trabajar con una filial de su oficina en Kuala Lumpur, Malasia. La persona con la que debe colaborar estrechamente es el Sr. José Pérez. A lo largo de un año, usted y el Sr. Pérez han desarrollado una saludable relación profesional, que incluso ha ido evolucionado en una cordial amistad.
El Sr. Pérez le ha invitado a su red de amigos de Facebook, y allí ha podido usted conocer a su esposa, Jenny y a su perrito, Kío. Usted también ha querido que el Sr. Pérez conozca aspectos de su vida y personalidad que, normalmente, no conocería, tales como hobbys, actividades de ocio, etc.
Comparten usted y su pareja con los Pérez, además de objetivos profeionales, una gran pasión por la música. Ambos son verdaderos melómanos. Sus gustos abarcan desde la música clásica hasta el Son Suave. Intercambian información sobre compositores, intérpretes, discos y hasta sobre sesiones de grabación y sobre los músicos participantes en ellas.
Si ocurre cualquier contingencia en Malasia, usted y su pareja se preocupan inmediatamente por la suerte de los Pérez. Si, en cambio, algo ocurriese en su país de residencia, los Pérez correrían al teléfono a informarse sobre su situación.
Ha transcurrido así el tiempo, y usted ha descubierto, con enorme placer, que en los Pérez ha encontrado a unos amigos extraordinarios, unos amigos fraternales y amorosos.
Por increíble que le parezca, podría darse el caso de que los Pérez sean de la Religión Redentora y ustedes Redentores Revisionistas. Podría darse el caso de que los Pérez sean, digamos, del partido del Valle Encantado y ustedes del partido de la Montaña Voladora. Podría ser que los Pérez frecuenten el Club Social del Ajedrez y ustedes, en cambio, la Hermandad Secreta del Dominó.
Pero estos elementos han sido pasados por alto, porque al encontrar tantas cosas que unen, ha ignorado las que suelen desunir. Ha ocurrido que, simplemente, usted se ha presentado al prójimo tal cual es, sin tantas etiquetas y tarjetas de presentación, quedando sólo una cosa que poder compartir: usted mismo.
Gracias en parte a las nuevas tecnologías, utilizadas en sentido respetuoso, constructivo y creador, empezamos a conocernos tal cual somos, por nuestra forma de pensar y sentir, derrumbándose así muchas de las categorías que nos separaban a priori, impidiéndonos conocernos y segregándonos en la práctica.
Cada día mas podremos acercarnos al prójimo desprovistos de pesadas armaduras ideológicas, estereotipos y prejuicios de toda clase: podremos, como pocas veces en la historia, redefinir la forma de relacionarnos con los demás: viviendo ligeros y sin equipaje.
Hasta el próximo paseo por el parque...
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